Hizo brillar su arma,
un paladín de la injusticia.
Sabemos bien que la tentación seduce tanto,
y el escudo atravesó.
Remarcó en el dorso,
de la amarga carta que en la cocina vi,
había hecho las cosas bien,
y no podía seguir mintiéndome así.
Ruleta rusa falling down,
se desengaña tercamente ciega,
la cabeza contra la pared,
gritando al espejo como si estuvieras aquí:
¡No te vayas, no me dejes sola acá!
está oscuro, y hace frío,
apagón general en mi.
No te vayas, sos lo único que tengo,
me das electricidad,
apagón general en mi.
Horas silenciosas,
esquivando el trabajo serio,
botellas, grajeas, y un poco de polvo,
decorando este lugar.
Y el perro que tenemos (que teníamos)
me mira comprendiendo lo que digo,
tu vicio, me sacará de quicio,
hoy, mañana y pasado.
Mi vida no reclama un lugar en el templo de la fama,
sencillamente moriré.
Daría lo que fuera por verte en mi cama,
sonriendo y abrazándome.
